Julio Torri, el estoico

Ernesto Hernández Bustos
Infoteca Central Saltillo UAdeC
jose.ernestohdz@hotmail.com

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Un hombre de mundo es el que tiene mucho ingenio inútil
La Bruyere

 

Casarse joven es muy pronto y casarse viejo muy tarde
Proverbio ruso

 

El simbolismo que guardan algunos términos en los breves textos del escritor saltillense nos remiten a la férrea convicción que tuvo por guardar celosamente su preciado celibato. Cuando escribe:

¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.1

Nos otorga la primera pista de lo que será su “naufragio civil” sin olvidar el mote Hermano Diablo, que será, desde este momento, referente esencial para el siguiente análisis de la obra torriana.

Perfil de Julio Torri por Salvador Pruneda, 1950
©INEHRM

 

En el texto Mujeres leemos:

Y los cenobitas secretamente piden que el diablo no revista tan terrible apariencia en la hora mortecina de las tentaciones. 2

Con la idea anterior se percibe al autor atraído por las mujeres difíciles (¿O él mismo será el elemento complicado?). Torri no se desprende de las sirenas que olvidaron el canto. En La Feria dice:

¡Por cinco centavos entren a ver la mujer que se volvió sirena por no guardar el Viernes Santo! 3

En lo anterior escrito se retorna a la idea femenina-acuática, pues con esto recordamos a Venus-Afrodita personificando al Deseo.

Cuando utiliza el recurso de la lotería se presentan algunos aspectos interesantes. Leemos:

-¡Don Ferruco en la Alameda!-…-Una muchacha a un lépero que la pellizca: ¡No soy diversión de nadie, roto tal!, -¡El que le cantó a San Pedro!, -¡El sabroso de las bodas!, -¡El coco de las mujeres! 4

Ante esto ofrezco algunos “cantos de la lotería” para su análisis:

-El que le cantó a San Pedro, no le volverá a cantar: el gallo. 

– Pórtate bien, cuatito, si no te lleva el coloradito: el diablito.

 – Con los cantos de sirena no te vayas a marear: la sirena. 

-Con los cantos de sirena hasta el marino se va a marear: la sirena*.

Esto sin olvidar que el autor tiene en su producción literaria un texto donde se mencionan al mar, los naufragios y los marineros extraviados: Odiseo, Simbad y Robinson.

En este escrito de La Feria es muy importante resaltar cómo se utiliza el epígrafe. Veamos:

Y estando a/y estando amarrando un gallo/se me re/se me reventó el cordón/yo no sé/si será mi muerte un rayo**.

Sugerente es la letra. Según las teorías de análisis literario el epígrafe juega un papel trascendental para analizar los discursos. Cuando Torri escribe: “¡El que le cantó a San Pedro!”, conduce a pensar, obviamente, en el gallo y el respectivo epígrafe.

Luego, se escucha: “¡El coco de las mujeres!”, lo anterior remite a un Don Juan, pero como el texto se denomina La Feria nos obliga a pensar en el juego de la lotería, específicamente en la carta del Catrín. Pero el autor juega con sus lectores, pues se sitúa, él mismo, en la escena– en un texto autobiográfico- cuando refiere: “¡Don Ferruco en la Alameda!”. Puesto que el gritón en las loterías se refiere a lo siguiente: “Don Ferruco en la Alameda su bastón quería tirar”, es decir el catrín –el elegante– Don Ferruco, su bastón quería tirar: el Catrín.

Nos encontramos con cuatro arquetipos relacionados íntimamente con las mujeres: el Náufrago (civil), el Diablo, el Catrín y el Gallo, recordando el antecedente del celibato. Pero la idea original sobre la mujer-sirena no termina aquí. En Almanaque de las horas encontramos este referente:

Un día se hastiaron las sirenas de los crepúsculos marinos y de la agonía de los erráticos nautas. Y se convirtieron en mujeres las terribles enemigas de los hombres. 5

Lo del “no canto” de las sirenas se entiende ya. Pero al escribir sobre “La mujer que se volvió sirena por no guardar el Viernes Santo” (p.68) nos conduce a los mitos que escuchamos en la Semana Santa (católica) sobre aquellas personas que “pecan” al ingerir carne roja, pues, simbólica-mente, consumen la carne del crucificado (Juan 21:5 y Deuteronomio 12: 23). Esto representa la conversión forzosa en el elemento acuático -pescado o sirena- como lo dicta la creencia religiosa y que es retomada en el discurso. La práctica de no comer carne roja originalmente se debía realizar los miércoles de ceniza, el primer viernes de cuaresma y el viernes santo. Como sabemos, se han añadido ya otros días a dicho ritual. Lo más significativo de esos “días de guardar” lo plasma Torri cuando leemos la frase: “¡El coco de las mujeres!” pues se refiere al Catrín, aunque también se le puede relacionar con el Diablo que acecha a las mujeres como una subes-pecie de Don Juan, puesto que en esos días, como dicen las abuelas: “El Diablo anda suelto”***. Aunque advirtamos, como avezados lectores, que Torri realiza un juego de palabras e ideas, recordando que el mote del saltillense era el Hermano Diablo, sin olvidar su famosa afición a cortejar mujeres.

Observamos la constante de las féminas, pero también el discurso nos conduce al “infortunio civil”, pues señala:

A los cincuenta años. La vida se va quedando atrás como el paisaje que se contempla desde la plataforma trasera de un coche de ferro-carril en marcha, paisaje del cual va uno saliendo…un paisaje del cual se sale, en que todo se empequeñece y se pierde. 6

Don Julio se reconoce amoroso, donjuanesco (los verdaderos donjuanes no se casan, es decir, la dulce victoria de sus conquistas radica en el fracaso). Pero en el fondo de sus palabras y discurso se percibe un hombre resignado a su suerte… anhelada. Si las sirenas y el infinito mar resultan dos indicios (anclajes, según la teoría literaria) para reconocer que él busca la Nada, otra clave importante dentro de su breve obra lo es el uso del recurso del tren. Líneas arriba, el ferrocarril es utilizado para desplazarse hacia la incertidumbre. En Lucubraciones de medianoche sugiere más pistas: “El gozo irresistible de perderse, de no ser conocido, de huir” (p.115).

Por eso mismo escribe sobre la idea de la evasión: “En amor sólo hay dos situaciones: persigue uno a una mujer o trata de liberarse de ella”. 7

Para entender la idea de la soltería de Torri, habría que releer a Fray Luis de León y su Oda a la vida retirada: “Fray Luis vivía un bien que el cielo da sin testigos: libre vivía de amor, por tanto, libre de celos. Humilde era por inteligencia, no de natural”.8

 

Fuente: http://www.goodreads.com/book/show/9060207-tres-libros

 

Luego el coterráneo “deja pasar” otro tren estoicamente en Para aumentar la cifra de accidentes:

Un hombre va a subir al tren en marcha. Pasan los escaloncillos del primer coche y el viajero no tiene bastante resolución para arrojarse y saltar… Va a pasar otro coche… El tren está pasando siempre delante de nosotros. El anhelar agita nuestras almas, y ¡ay de aquel a quien retiene del miedo de la muerte! Pero si nos alienta un impulso divino y la pequeña razón naufraga, sobrevive en nuestra existencia un instante decisivo. Y de él saldremos a la muerte o a una nueva vida, ¡pésele al Destino, nuestro ceñudo príncipe! 9

Los mitos populares son muy sabios, pues aquella idea de que “se pase el tren” a cierta edad, de alguna forma “limita” las esperanzas en cuanto al matrimonio. La Oda a la vida retirada de Fray Luis de León que mencioné anteriormente, vislumbra algunos síntomas para pensar en Circe y en la filosofía de soltero (sin-fin). Cito a Fray Luis:

 

¡Qué descansada vida/ la del que huye del mundanal ruido/ y sigue la escondida senda/ por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido […] ¡Oh monte, oh fuente, oh río!/ ¡Oh secreto seguro, deleitoso!/ Roto casi el navío/ a vuestro almo reposo/ huyo de aqueste mar tempestuoso […]Vivir quiero conmigo/ gozar quiero del bien que debo al cielo/ a solas, sin testigo/ libre de amor, de celo/ de odio, de esperanzas, de recelo. 10

 

En todo lo anterior analizado, presenciamos los tres sonidos de alarma: el canto de las sirenas, el funesto canto del gallo y el paso del tren****. En el texto La Feria, el autor juega a la lotería como quien sube a la rueda de la diosa Fortuna en cualquier celebración pueblerina o citadina. Simbólicamente y psicológicamente el hombre soltero juega con el Destino, como aquellos que -temerarios- se lanzan a la Tierra,  desde lo alto, sin un paracaídas.

Al matrimonio y al panteón siempre hay que llegar tarde, dicen algunos sabios. Julio Torri parece ser que bebió de la filosofía existencialista de otro estoico soltero: Sören Kirkegaard (1813-1855) pues en su texto Diapsalmata el escritor danés dispara franco y directo sobre el tema del no-casamiento: “Si te casas, te arrepentirás; si no te casas, también te arrepentirás”11.

El autor del emblemático libro (para los solteros y Casanovas) Diario de un seductor, S. Kierkegaard -como sabemos- se rehusó a contraer matrimonio con Regina Olsen, de forma intempestiva y sin razón aparente. Cuando recuperé el pensamiento del filósofo danés lo hice de forma deliberada, pues la cita anterior continúa y dice:

Cases o no, te arrepentirás igual; o te cases, o no te cases, te arrepentirás en ambos casos. Si te ríes de las locuras del mundo, te pesará; si las lloras, te pesará también. 12

En el libro Julio Torri, Voyerista desencantado (1991) el saltillense hace una confesión que aclara fielmente su suerte anhelada:

Te aseguro que no estoy a punto de casarme, por lo menos hasta donde es posible asegu-rarlo por las siguientes razones: 1.- porque no tengo novia, 2.- porque no creo estar hecho de la madera de los buenos maridos y 3.- porque ya desde este momento siento piedad por la pobre criatura a cuyo lado siempre estaré como un paisaje gris de chimenea y humo.13

Podemos leer en las líneas anteriores la predisposición del autor saltillense a la eterna soltería.

El Amor, en ocasiones, también suele ser un asunto entre fantasmas.

 

Referencias

  1. Espejo, Beatriz, Julio Torri, voyerista desencantado, DIANA, México, 1991.
  2. Kierkegaard, Soren, Diapsalmata, Dilema, Una exposición extática, Intermedios musicales, Biblioteca de Iniciación filosófica, Argentina, 1961.
  3. Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México, Edición especial sobre Julio Torri, junio, 1989, número 461.
  4. Serrano Simarro –Pascual Chenel, Diccionario de símbolos, LIBSA, España, 2007.
  5. Torri, Julio. Tres libros, F.C.E. México, 1981.

1  Torri, J. Tres libros, F.C.E. México, 1981, p.9.

2  Ibíd.

3  Ibíd.

4  Ibíd.

*  Estos cantos son del dominio popular.

**    Por las líneas: …se me reventó el cordón… recordamos la similitud que tiene dicho epígrafe con la otra canción conocida como “El Barzón” de Gilberto Parra.

5   Ibíd.

*** La idea de la quema del Diablo en México se refiere a la llegada de la temporada de siembras y de la primavera, así como a la simbología directa de la purificación por el fuego. El agua también es utilizada en esos días, aunque se derrocha de forma irresponsable.

6   El Almanaque de las Horas p. 82.

7  Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México, junio, 1989, número 461, p.32.

8 Esta fascinante idea la explica Huberto Batis, discípulo de Julio Torri, en el escrito de nombre: “Vuela el día, Recuerdo de Julio Torri” en la revista antes mencionada y publicada por la U.N.A.M. p. 11).

9  Ibíd.

10  Cita directa.

**** Recordemos también los mitos y cantos del búho y del perro.

11  Dilema, Una exposición extática p. 56.

12  Ibíd.

13  Beatriz Espejo, DIANA, México, p. 58.

Post Author: CC

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